miércoles, mayo 06, 2009

Breve relato: El día en que brotaron flores del pavimento, parte 2

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La vida de Aida, dejando de lado ese ruido profundo que la dejaba temblando, era de lo más normal. Salía de la ducha lo más temprano posible para no atrasarse, tomaba un desayuno a base de café y pan tostado, su modo de vestir rayaba en el conservadurismo de la clase alta, sin serlo precisamente. Su pareja solía levantarse junto a ella, pero remoloneaba más de la cuenta en la cama, quedándose unos minutos más. Era una mala costumbre.

Sin embargo, para el momento en que debía salir de casa, Aida seguía nerviosa. Se preguntaba a qué hora volvería a escuchar ese sonido, que a veces se presentaba después del almuerzo, en donde ella estuviera, o si de pronto estaba en el baño, el sonido subía justo desde las bases de la oficina donde trabajaba, tan lejos de casa.

Y en el trabajo, no importaba cómo, le sudaban las manos, sentía el ruido hasta dentro de su pecho, y la respiración se volvía algo difícil de llevar a cabo, con el corazón agitado. Era todo un espectáculo.

'En serio,¿no escuchan nada de nada? Si es un ruido tan grave..'
'No, déjate de tonteras, mira que hay tanto trabajo...'

Esa fue la última vez que Aida le preguntó a un compañero acerca del sonido subterráneo que la invadía. Su frustración se convirtió en una especie de sospecha cada vez mayor, ya nadie le iba a creer nada, si seguía diciendo 'tonteras'.

Entonces, no sólo en su casa, si no en la oficina, en la calle, daba igual: el sonido era suyo, era como una cosa propia, era algo que Aida no podría controlar jamás, y que sólo ella podía describir. Era como ver el cielo teñido de rojo siempre.

Como una especie de secreto amargo.

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lunes, abril 27, 2009

Breve relato: El día en que brotaron flores del pavimento, parte 1

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Desde hacía poco, sólo unas semanas, Aida había comenzado a despertarse por unos ruidos poco comunes, subterráneos, como garras de animales feroces, gigantes, como un temblor crujiente y consistente bajo la superficie cotidiana.

En la mañana, Aida despertaba alterada, observando atentamente si dos pisos más abajo el suelo mostraba algún cambio. Y nada, no había nada, excepto un par de perros mordiéndose entre ellos, gente que caminaba hacia el trabajo, autos, buses. Y casas.

El ruido era poderoso. Cada mañana era lo mismo, pero Aida estaba convencida que era la única que lo sentía, su pareja dormía plácidamente, sin escuchar nada, lo que volvía loca a Aida. La ducha no le quitaba esa inquietud, ni la apaciguaba, sino que la dejaba más atenta.

Para ese momento, al salir de la ducha, ya no había ruido alguno. Era todo como siempre. Un perro ladraba a lo lejos, y un bocinazo eclipsaba el sonido perruno.

Por eso, Aida odiaba las mañanas: hacían que se sintiera sola e incomprendida. Era como saber que un desastre se aproximaba, y no poder compartirlo con nadie.
Era como estar en medio de la nada.

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miércoles, marzo 11, 2009

Lugares y momentos para volverse invisible

En medio de la mirada de un gato asustado,
justo debajo del estómago de una hormiga,
entre dos rocas lunares de milimétrica importancia,
en el recodo fundamental del camino de un caracol,
en ese preciso segundo en que bostezas
y al mismo tiempo
brota una lágrima aburrida y solitaria.

Entre los pliegues de los vestidos de un santo
que acaba de ser olvidado por otro creyente,
en ese preciso momento,
en que el silencio se convierte en una realidad infinita,
justo antes de que ocurra un temblor de tierra,
en el espacio que queda entre dos bicicletas
apoyadas sobre una baranda,
cuando empieza a llover sobre el cemento.

Justo en el traspiés de un ministro
(señor de corbata brillante)
frente a otros ministros,
mientras un mozo pestañea y se percata
de que una flor acaba de caer en una mesa pequeña,
mientras dos automóviles compiten en la autopista,
sin percibir el roce de las mariposas en sus retrovisores.

Precisamente en el momento en que la voz
de la persona que amas se convierte en un murmullo sordo,
porque simplemente no puedes estar despierta,
y porque ya sientes que caes y caes,
entre la base sólida de un arcoiris y las alas de un picaflor.
Ahí te puedes volver invisible,
no antes, ni después.

jueves, febrero 12, 2009

Vegetariana, celíaca y casi intolerante a la lactosa ¿qué hago?

¿Cómo fue a pasar eso? Es decir, ¿cómo, siendo yo una carnívora de primera, pasé a ser una vegetariana consecuente? ¿Cómo alguien que se supone de salud "normal" llega a ser celíaca, sin preguntas ni sorteos? Y la tercera, ¿Cómo alguien que toma leche sin problemas como si tomara agua, de pronto puede ser intolerante a la lactosa?

La primera, por opción propia, he de decir. Me he considerado carnívora toda mi vida. Sin embargo, porque mi estómago estaba comportándose muy mal (especialmente cuando comía carne), dejé de comer fibras animales en general, de una manera incomprensible para los que me conocen. No, no es por un tema de vanidad: es por salud y por consecuencia. La carne ya viene con un montón de toxinas generadas por el propio animal, entonces, ¿por qué me voy a comer a otro animal igual de tóxico que yo? No tiene sentido, si además lo que aporta, las proteínas, las puedo tomar de la leche, de los huevos, y la soya, mucho menos tóxicos y complejos que la carne. El cambio no fue difícil, pero sí el tratar de dejar tranquilos a los demás con el tema de la carne, que no me voy a desaparacer por no comer bistecs. Por otro lado, y aunque a mi novia no le guste este fundamento, no puedo querer a los animales con todo mi corazón, si por otro lado me los estoy comiendo. No es consecuente. Me gusta verlos vivos, y no podría comerme a mi perro, por ejemplo. Las vacas no hacen mucha diferencia, ni los pollos, ni los cerdos. Si el resto se los come, bien por ellos, no voy a ir a pararme afuera de sus casas a gritar "¡asesinos!" mientras hacen un asado, porque es absurdo promover un cambio de mentalidad de esa forma. Así que, soya mediante, no pienso volver a comer carne.

Lo segundo, la enfermedad celíaca. No se lo desearía a nadie, ni al peor enemigo, porque es algo bien jodido. En lenguaje normal, es alergia al gluten, pero no con la sintomatología clásica de las alergias, si no que implica un daño profundo en el intestino delgado. El cuerpo reacciona negativamente al gluten, una proteína que contiene el trigo, el centeno, la cebada y la avena, y por ende, cada cosa hecha con esas cosas, desde el pan hasta algunos almidones modificados que se agregan a dulces y miles de otras cosas. Me pillaron justo en la última etapa, "III C de Marsh", lo que indica que tengo que tener una dieta estricta hasta el fin de mis días. Bye-bye cerveza, bye-bye fideos. Tengo que hacerme un montón de exámenes más, pero ya da lo mismo: no puedo comer de una parte importante de los alimentos que hay en el mercado chileno. Si no me cuido, la cosa puede terminar en cáncer y bueno, en ese lío nadie quiere meterse, ¿no?

Y lo tercero, lo más lamentable, pero a la vez casi tratable: por el autodaño hecho al intestino al comer gluten, puede que mi cuerpo no procese bien la lactosa por un tiempo, así que tampoco puedo comer yogurths o tomar leche, cosas básicas en mi dieta. Esperemos que esto se pase tras la mejora progresiva del intestino, claro, si sigo la OTRA DIETA en forma rigurosa.

Al parecer la cosa no se viene simple. Al menos en cuanto al tema celíaco, el costo de la comida sube en forma considerable, y es probable que baje un poco de peso, además de tener que ver la etiqueta de cada cosa que quiera comer. Elisa me ayuda harto con el tema, y mi vieja también, así que hay apoyo de sobra. En la oficina los chicos recién están entendiendo del tema.

Eso sí, lo que yo creo que nunca van a entender mis carnívoros compañeros es el tema de la carne. Bueno, así es la vida: difícil. Y la mía es particularmente verde.

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domingo, febrero 01, 2009

Erotica

Vi una sombra,
cerré los ojos,
sentí su textura rozándome,
pude imaginarme la eterna dulzura,
en un parpadear como de colibrí.
Toqué y toqué hasta llegar
donde creí que no iba a volver
una y otra y otra vez.
Todo era una sola cosa:
su pelo, sus ojos, su aroma,
su calor, lo blando de sus pechos,
la curva más precisa,
justo debajo de mi conciencia.
Me hice una con lo que soñaba
y los sonidos se deformaron
hasta convertirse en una masa,
en una nube,
en una sábana arrugada,
en un color indefinido.
Toqué y rasgué y toqué de nuevo
hasta cuando ya no pude hacer más
que respirar profundo
como queriendo atrapar la vida misma
en los pulmones y en la sangre.
Fuimos una, una sola,
porque respirábamos fuego,
porque era la humedad
un estado de complicidad absoluta.
Y sin miedo ni de la muerte,
nos reímos luego,
observando el desorden,
y mirando la hora,
después de ver el placer desatado,
de la forma más hermosa.

viernes, enero 30, 2009

Acerca del (grisáceo) paisaje de la economía

No suelo referirme a este tipo de temas, pero ayer pasaron dos cosas en el ámbito económico, una de nivel nacional y otra de nivel más familiar, que me hicieron sentir eso que llaman "un leve escalofrío, como la muerte - laboral, digamos - pasando cerca".

Primero: Cencosud, el monstruo económico que posee jugosas y poderosas empresas como Paris, Easy y Jumbo (por sólo mencionar algunas...) decidió frenar la construcción del poco discreto y apoteósico proyecto Costanera Center, ubicado por ahí mismo. En su minuto, los directores del proyecto, los arquitectos y todo aquel que se preciara de importante en la obra declaró, con el pecho inflado de orgullo, que iba a ser la torre más alta de Sudamérica, que iba a ser una fuente de trabajo para miles de personas, y que sin duda, iba a ser un "centro de importancia neurálgica para los negocios en Santiago y en Chile".

Hasta ahí llegamos, papá Cencosud finalmente tiró para la cola, como dicen por ahí, porque el panorama económico está para sentir pánico (bueno, quienes tienden a tener pánico, lo sufren. Hay otros, como el ministro de Hacienda, el señor Velasco, que entre corrida y corrida matutina, propone el modelo económico shileno como un modelo a seguir para países europeos. Vaya, ¿no?). El señor-que-habla-por-Cencosud dijo que había que priorizar en las inversiones que podían proveer retorno inmediato (fuente: Emol), y Costanera Center era todo, menos eso. Bueno, pa' fuera el edificio. Ahí se deja, como una gran señal de atención.

Segundo: ayer nos citó nuestra jefa jefaza, la product manager de La Nación, para que escucháramos algo que debía decirnos. Quedamos un poco helados, porque el clima económico no es tan bonito como para pensar que nos van a aumentar el sueldo, o algo por el estilo. Al contrario: dejan de circular la revista hípica "Fusta", y además, la revista de deporte "Triunfo", dos clásicos de la empresa La Nación. ¿Por qué? Para ahorrar dinero, cosa muy deseada en la actualidad.

Desaparecen, sin más.

La reacción fue lógica: "Y....¿los equipos de periodistas?"
"No, se van a refundir, o sea, se los va a incorporar al diario, pero no se van a despedir. No hay despidos en la empresa, lo dijo el gerente."

Bueno, le creemos. Pero el tema es hasta dónde el gerente puede sostener lo que prometió, si actualmente la mayoría de las empresas (incluso las que suenan más pomposamente) optan por recortar puestos de trabajo, más que retirar productos del mercado, o incluso, más que abaratar costos de otro tipo.

El discurso del gerente, en ése entonces, no tenía un trasfondo tan poco auspicioso como hoy, o incluso, como ayer. Basta con que uno se ponga a leer el diario cada día, para sumar una nueva empresa mundial que anuncia despidos masivos. No es trivial, si en el foro que actualmente se está desarrollando en Davos, Suiza, hablan de una crisis peor que la de la década de los años '80, y que la Crisis Asiática.

Se ve gris, no puedo pensar otra cosa. Gracias a Dios no tengo a mi haber (o en tal caso, a mi "deber") ninguna deuda grande, pero la preocupación va por otros, como los que quisieron comprarse una casa, los que optaron por un auto del año en vez de quedarse con el viejo, y los que en verdad quisieron aparentar ser más. Ni hablar de esos que son las eternas piedras de tope de los sistemas financieros, como el señor que pidió plata para poder pagar el hospital, o la señora que simplemente no pudo llegar a fin de mes, sin haberse dado ningún lujo especial.

Si pierden su trabajo...el panorama se vuelve más que gris, señores. Como alguien dijo (creo que era el señor presidente de CONUPIA), esperamos que esta vez la clase media no sea la víctima de siempre, y que todos "amortigüemos" el golpe por igual, especialmente los empresarios más grandes del país.

martes, enero 13, 2009

Manifiesto pasajero/permanente

Voy a decir que no a varias cosas,
sobretodo esas que no aportan nada más
que a la contaminación del alma.

Voy a decir que no a esa falta de fe
que todos llevan puesta como si fuera
una prenda de vestir de última moda;
me voy a negar a cerrar los ojos
y seguir a la masa,
porque es lo que conviene más.

Reniego de créditos,
de tasas, de medidas, de límites,
de predeterminaciones, de moldes,
porque son instancias que inhiben
la propia naturaleza brillante
que guardamos dentro,
todos y cada uno de nosotros.

Voy a decir que no
a esa especie de superioridad barata,
que se llama "orgullo",
(palabra que es pesada como una corona).
Justamente,
no por ser orgullosa,
si no porque conozco mi propio origen,
y porque sé de qué estoy hecha.

Voy a decir que no a la queja cotidiana,
al lamento fácil,
a la aceptación del dolor,
al logro sin esfuerzo,
y al olvido de la misericordia,
porque no hay nada más hermoso
que el infinito reflejado
en eso que se conoce como "optimismo"
(fácilmente confundido con "ingenuidad"
en los pujantes sistemas capitalistas...)


Finalmente,
voy a decir que no a las más simples
ataduras que mostramos como seres humanos:
a los límites propios,
a creer que realmente los tenemos,
y a pensar que en este mundo
no existe la bondad.