miércoles, julio 25, 2007

done!




Cali ya encontró dueño.
Por si alguien se había interesado (por la cantidad de comentarios y de mails, lo dudo), ya habrá una próxima ocasión.

Los días pasan lentamente....

domingo, julio 15, 2007

Utilidad Pública

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Esta cosita se llama Cali, tiene 2 meses más o menos, y es de tres colores. La vinieron a dejar a mi casa, y si bien la adoro, y me encantan los gatos, ya no puedo tener más.

Si alguien de verdad la quiere, porque necesita una compañera cariñosa, tibia y ronroneadora como ella, basta que se ponga en contacto conmigo a este correo, naturali22@yahoo.com, y yo se la haré llegar, si es en Santiago, claro. El día martes va al doctor, donde se le va a desparasitar y vacunar (aunque está bastante sanita).

Además, si alguien la adopta, a los 6 meses yo misma la llevo a operar para que la esterilicen. Eso es parte del trato.....


:)

lunes, junio 25, 2007

el resto, a mí, no me importa

Mi novia siempre me dice que soy "perseguida": me preocupo por cómo me ven los demás, si alguien se me quedó mirando más tiempo del normal, y toda esa clase de cosas. De hecho, este sábado recién pasado fui a andar en bicicleta (asumiendo el riesgo de agarrarme alguna "itis" por el frío y el viento) y como todo estaba lleno de barro y lodo y tierra, quedé como si hubiera ido a un spa: forrada en el elemento Madre, mezclado con agua, sobre la chaqueta, sobre mis calzas para andar en bicicleta, sobre mi polerón.

Al llegar a casa, le comenté a Elisa que al parecer la gente se reía al verme bañada en barro, pero haciendo deporte igual. Ella me contestó: "No, realmente no se fijaron en tí. La gente no se fija en los ciclistas, es más, la gente no se preocupa de nadie, ni de nada. A nadie le importa el resto."

Me quedé un poco perpleja. Es verdad, me preocupo bastante por cómo me ve el resto o cómo me percibe el resto, aunque no me desvelo por ello. Sin embargo, la respuesta desoladora de mi novia, con su típica frialdad pragmática, simplista, me hizo pensar en que es cierto, que la gente no da un peso por nadie más, excepto si es un familiar, y eso con suerte.

Es como una especie de ceguera, de bloqueo egoísta, pienso. No creo en eso de la bondad per sé, no creo en eso de ser siempre gentiles hasta que alguien te pase por encima (que es lo más seguro que suceda), pero sí creo en que todos estamos conectados, y en que tarde o temprano, dejar o no dejar de ayudar a alguien influirá en la propia rutina, en la propia vida. ¿Es muy difícil de imaginar, si estamos en una ciudad tan pequeña, y tan colmada de gente?

Es iluso ser majadero en estos términos y más en estos tiempos, donde nadie se preocupa por el "otro". Las consecuencias siempre están a la vuelta de la esquina, sin embargo, y parece que nadie las percibe. Una vez mi madre se salvó de ser asaltada por ayudar a un delicuente en su trabajo: mi vieja recibía a los detenidos en un tribunal, y simplemente se le ocurrió ofrecerle una taza de té, porque estaba pasando mucho frío y no había tomado desayuno. Su paga fue grande: el delincuente le prohibió a un colega suyo que asaltara o hiciera daño a esa mujer, sólo por ese gesto.

A mí sí me importa el resto. No me desvivo por nadie, pero si puedo ayudar a alguien, lo hago, y sonriendo. Detesto profundamente la individualidad de estos días, detesto la falta de conciencia, detesto la ceguera y el egoísmo al que nos han acostumbrado.
Siempre digo: "me puedo encontrar con esta persona en un mal momento, puede que me ayude como yo lo he hecho con ella...", aunque no esté ni cerca de la realidad.

No importa. Díganme ilusa, soñadora y todo eso, pero hay que cambiar actitudes: el ser humano va directo a la perdición, si no sabe mirar hacia el lado, con un poco de sensibilidad y con un buen resto de racionalidad.

lunes, junio 11, 2007

un día en que las calles perdieron su sentido

Traté de dormirme, traté de que el asiento fuera más gentil y que el frío no me toqueteara las manos y los pies con dedos de hielo, pero no pude.
Me quedé despierta mirando fijamente por la ventana, mientras íbamos por la carretera.

Entonces, el camino al trabajo se volvió calles, más y más calles. El bus y su chofer no quisieron ir por la avenida de siempre (la antigua San Pablo, plagada de edificios bajos), y se fue culebreando por otros caminos de cemento, Almirante Barroso, Maturana, Brasil, pasando hasta por la casa de mi jefe.

Y de pronto, todas las calles perdieron total sentido. No había norte, ni Alameda, ni Panamericana. Los minutos se alargaron al doble o al triple, así que decidí asumir que la tardanza era algo inherente a mí misma, que no importaba llegar tan pronto, y que sería mil veces mejor mirar hacia afuera, para ver detalles.

Una iglesia evangélica con polvorientos frisos y adornos neoclásicos lucía un color verde epiléptico, mientras a su lado una fábrica de muebles luchaba por la supremacía de la cuadra mediante ariales, impacts y otras fuentes pintadas a mano. Entre el bus y la vereda había un auto, y dentro del auto, un niño dibujando pollitos en el vidrio empañado. Y por la vereda, una señora con bata, con ondulines en la cabeza, barriendo, con ese frío que hace que uno quiera quedarse en cama. ¡Y ella barría con toda calma!

El bus siguió su camino desconocido, como dije, no había norte ni sur, sólo habían casas bajas, cités, rejas oxidadas, bonitas plantas colgando de balcones mohosos y gente apresurada. Una chica con una mochila color calipso nos sacaba ventaja a paso veloz, ¿realmente era mejor ir en el bus?

Los pasajeros empezaron a darse cuenta que era tarde: más de 20 minutos perdidos entre calles antiguas y motores roncos. Pronto nos acercamos a Panamericana (como por milagro, ni supe cómo lo hizo el chofer), para bajar todos apurados y molestos, como ya es tradición. Y ahí estaba el frío y la tardanza, otra vez.

Esa fue la mañana en que las calles habían perdido su sentido, magníficamente.
Misteriosamente, tal vez.

miércoles, mayo 30, 2007

En trozos

Una parte de una canción,
y aún no sale la impresión
son muchos vectores.
Un par de pasajeros se ríen.
No resulta ser tan bonito como pensaba
el futón que fui a ver.

Un pedazo de sueño
se cuelga a las 6:45 am,
porque a esa hora me despierto.
Otro pedazo de sueño se pierde
a las 7:00 am,
porque a esa hora vuelvo a despertarme.

Hay un par de ojos
que tienen un brillo tibio
en mi cama
y los pelos de gato
vuelan y flotan cerca de mi ropa.

Bass y trebble
peleando por sonar mejor
a mis espaldas
mientras los post-it se acumulan,
las pautas se confunden,
y fh10 y fh11 se traicionan.
(no usar la última versión:
tiene problemas de postscript)

Una manzana me mira.
Y todo se cae en trocitos
sobre el teclado.

martes, mayo 22, 2007

Repasando las propias metas

Hoy en el trabajo salió en la conversación-de-frente-al-computador el tema de las metas que cada cual tiene en mente. Cada cual tiene su propia escala de metas, de perspectivas y obstáculos, pero sí he visto que hay algo en común: ninguna de las chicas que está aquí tiene planificado seguir tal y como está actualmente.

Astrid, mi amiga, tiene en su camino la meta más grande que hasta ahora le presenta su carrera: titularse. No le ha sido fácil, pero ya tiene previsto terminarlo este año, como en diciembre. Después de ese evento, tiene en mente otra cosa muy grande: tener hijos. Ahí yo la aplaudo: yo no quiero tener mini-Pilares, pero sí me gustaría mimar a los hijos de mis amigos.

Carola P., la persona que se sienta a mi lado y que me aguanta cada idiotez que digo, tiene planes de trabajar afuera, en algún momento. La verdad es que ella sueña con Italia, con serios planes de aprender el idioma y todo. La otra Carolina que se sienta a mi lado tiene que titularse también, y creo que aspira a vivir con su pareja, en su casa propia.

Entonces, pienso en mis propios planes y haciendo memoria, muchos de ellos han quedado archivados esperando mejores horizontes. Uno es el deseo de volar, pilotear aviones: desde que murió mi padre que ésa fue una de las metas más importantes, pero finalmente me ganó la academia tradicional, vale decir, seguir el camino de la Universidad, donde habría más posibilidades de desarrollar mi principal habilidad: la plástica/diseño/ilustración/creatividad.

Hace poco me planteé lo de trabajar en el extranjero: Nueva Zelanda, Australia o Canadá. Y hoy me lo vuelvo a replantear. Y de la mano de esas metas, la posibilidad de poder tener un fondo extra que me permita estudiar instrumentos y vuelo visual, junto a física, matemática y naturalmente, meteorología. No, no lo olvido. Tampoco olvido que acá está todo lo que es mío, dígase, mi casa, mi madre, mi futura casa propia y sobretodo, mi pareja.

No, no puedo irme pronto. Al menos son dos años más acá, y puede que mucho más, si se me cruzan ciertos postgrados, ciertos cursos en particular. Necesito crecer como creativa, como redactora y como gestora de cosas más grandes....y partiendo de acá no creo que lo logre.

Ah, esto de las metas y caminos, da para tanto.
Para mi desgracia, soy ambiciosa, y me gusta acumular conocimiento y ponerlo al servicio de mi trabajo.
Y si mi trabajo varía de un mac al mando de una aeronave, que así sea: volar es un gran sueño.

:)

martes, mayo 08, 2007

Un relato

"
Desde hacía un par de cuadras había vislumbrado una falda estilizada, de color negro. Debajo de esa falda, un par de piernas enfundadas en medias negras, con unas botas altas, de taco agudo, semejante a una daga. Sobre la falda, había un torso de negro con color café (café de grano, oloroso) en forma de encajes, con dos brazos ondulantes y apresurados como si fueran serpientes. Era coqueta y seria, la cabellera que llevaba suelta.

Me escondí detrás de un pilar, para poder mirarla, mientras se alejaba. Luego, corrí silenciosamente detrás de ella, para poder percibir su perfume, entre automóviles y árboles incluso. Un perro chilló asustado al sentir mis pasos casi inexistentes, e hizo que ella se volteara a mirar, alarmada. Qué animal más torpe, pensé.

Y me vio.

Me congelé en el acto, mirando a izquierda y derecha, mientras observaba en su rostro una expresión de sorpresa casi morbosa. Las mejillas se le habían encendido como sangre en la nieve. Había olor a hidrocarburos y motores reposantes. El estacionamiento....¿No había ido demasiado lejos?
¿Por qué seguirla? ¿Y si venía su novio o su esposo a encontrarla, y me descubría en pleno acto de espionaje obsesivo?

Decidí partir, sin darle más pistas de mi persona, tratando de jugar con las sombras, después de todo, yo vestía siempre de negro, era fácil huir, era fácil incluso seducir.

Pero no resultó. Ella fue más rápida, más certera, más precisa, y ya estaba a menos de un metro de mí.

Su perfume me llenó, entonces. Pude percibir sus rasgos más finos, la comisura de los labios pequeños, los ojos casi orientales, un mechón que había caído sobre su frente le daba un rasgo un poco macabro. Era dulce, sin embargo.

La pared me tocó la espalda, mientras me daba cuenta que yo había terminado como la presa más perfecta. Ambas vestíamos de negro.
Y el estacionamiento estaba tan oscuro...y tan frío.
Sus labios se movieron lentamente, cerca de mi oído y las palabras cayeron como plumas sobre el agua.

' Te pillé....'


"