En medio de la mirada de un gato asustado,
justo debajo del estómago de una hormiga,
entre dos rocas lunares de milimétrica importancia,
en el recodo fundamental del camino de un caracol,
en ese preciso segundo en que bostezas
y al mismo tiempo
brota una lágrima aburrida y solitaria.
Entre los pliegues de los vestidos de un santo
que acaba de ser olvidado por otro creyente,
en ese preciso momento,
en que el silencio se convierte en una realidad infinita,
justo antes de que ocurra un temblor de tierra,
en el espacio que queda entre dos bicicletas
apoyadas sobre una baranda,
cuando empieza a llover sobre el cemento.
Justo en el traspiés de un ministro
(señor de corbata brillante)
frente a otros ministros,
mientras un mozo pestañea y se percata
de que una flor acaba de caer en una mesa pequeña,
mientras dos automóviles compiten en la autopista,
sin percibir el roce de las mariposas en sus retrovisores.
Precisamente en el momento en que la voz
de la persona que amas se convierte en un murmullo sordo,
porque simplemente no puedes estar despierta,
y porque ya sientes que caes y caes,
entre la base sólida de un arcoiris y las alas de un picaflor.
Ahí te puedes volver invisible,
no antes, ni después.
Un blog con ilustraciones, gráfica en general, letras, peladas de cable, poesía, mucho de fantasía y una buena dosis de sarcasmo. Siéntase bienvenido.
miércoles, marzo 11, 2009
jueves, febrero 12, 2009
Vegetariana, celíaca y casi intolerante a la lactosa ¿qué hago?
¿Cómo fue a pasar eso? Es decir, ¿cómo, siendo yo una carnívora de primera, pasé a ser una vegetariana consecuente? ¿Cómo alguien que se supone de salud "normal" llega a ser celíaca, sin preguntas ni sorteos? Y la tercera, ¿Cómo alguien que toma leche sin problemas como si tomara agua, de pronto puede ser intolerante a la lactosa?
La primera, por opción propia, he de decir. Me he considerado carnívora toda mi vida. Sin embargo, porque mi estómago estaba comportándose muy mal (especialmente cuando comía carne), dejé de comer fibras animales en general, de una manera incomprensible para los que me conocen. No, no es por un tema de vanidad: es por salud y por consecuencia. La carne ya viene con un montón de toxinas generadas por el propio animal, entonces, ¿por qué me voy a comer a otro animal igual de tóxico que yo? No tiene sentido, si además lo que aporta, las proteínas, las puedo tomar de la leche, de los huevos, y la soya, mucho menos tóxicos y complejos que la carne. El cambio no fue difícil, pero sí el tratar de dejar tranquilos a los demás con el tema de la carne, que no me voy a desaparacer por no comer bistecs. Por otro lado, y aunque a mi novia no le guste este fundamento, no puedo querer a los animales con todo mi corazón, si por otro lado me los estoy comiendo. No es consecuente. Me gusta verlos vivos, y no podría comerme a mi perro, por ejemplo. Las vacas no hacen mucha diferencia, ni los pollos, ni los cerdos. Si el resto se los come, bien por ellos, no voy a ir a pararme afuera de sus casas a gritar "¡asesinos!" mientras hacen un asado, porque es absurdo promover un cambio de mentalidad de esa forma. Así que, soya mediante, no pienso volver a comer carne.
Lo segundo, la enfermedad celíaca. No se lo desearía a nadie, ni al peor enemigo, porque es algo bien jodido. En lenguaje normal, es alergia al gluten, pero no con la sintomatología clásica de las alergias, si no que implica un daño profundo en el intestino delgado. El cuerpo reacciona negativamente al gluten, una proteína que contiene el trigo, el centeno, la cebada y la avena, y por ende, cada cosa hecha con esas cosas, desde el pan hasta algunos almidones modificados que se agregan a dulces y miles de otras cosas. Me pillaron justo en la última etapa, "III C de Marsh", lo que indica que tengo que tener una dieta estricta hasta el fin de mis días. Bye-bye cerveza, bye-bye fideos. Tengo que hacerme un montón de exámenes más, pero ya da lo mismo: no puedo comer de una parte importante de los alimentos que hay en el mercado chileno. Si no me cuido, la cosa puede terminar en cáncer y bueno, en ese lío nadie quiere meterse, ¿no?
Y lo tercero, lo más lamentable, pero a la vez casi tratable: por el autodaño hecho al intestino al comer gluten, puede que mi cuerpo no procese bien la lactosa por un tiempo, así que tampoco puedo comer yogurths o tomar leche, cosas básicas en mi dieta. Esperemos que esto se pase tras la mejora progresiva del intestino, claro, si sigo la OTRA DIETA en forma rigurosa.
Al parecer la cosa no se viene simple. Al menos en cuanto al tema celíaco, el costo de la comida sube en forma considerable, y es probable que baje un poco de peso, además de tener que ver la etiqueta de cada cosa que quiera comer. Elisa me ayuda harto con el tema, y mi vieja también, así que hay apoyo de sobra. En la oficina los chicos recién están entendiendo del tema.
Eso sí, lo que yo creo que nunca van a entender mis carnívoros compañeros es el tema de la carne. Bueno, así es la vida: difícil. Y la mía es particularmente verde.
La primera, por opción propia, he de decir. Me he considerado carnívora toda mi vida. Sin embargo, porque mi estómago estaba comportándose muy mal (especialmente cuando comía carne), dejé de comer fibras animales en general, de una manera incomprensible para los que me conocen. No, no es por un tema de vanidad: es por salud y por consecuencia. La carne ya viene con un montón de toxinas generadas por el propio animal, entonces, ¿por qué me voy a comer a otro animal igual de tóxico que yo? No tiene sentido, si además lo que aporta, las proteínas, las puedo tomar de la leche, de los huevos, y la soya, mucho menos tóxicos y complejos que la carne. El cambio no fue difícil, pero sí el tratar de dejar tranquilos a los demás con el tema de la carne, que no me voy a desaparacer por no comer bistecs. Por otro lado, y aunque a mi novia no le guste este fundamento, no puedo querer a los animales con todo mi corazón, si por otro lado me los estoy comiendo. No es consecuente. Me gusta verlos vivos, y no podría comerme a mi perro, por ejemplo. Las vacas no hacen mucha diferencia, ni los pollos, ni los cerdos. Si el resto se los come, bien por ellos, no voy a ir a pararme afuera de sus casas a gritar "¡asesinos!" mientras hacen un asado, porque es absurdo promover un cambio de mentalidad de esa forma. Así que, soya mediante, no pienso volver a comer carne.
Lo segundo, la enfermedad celíaca. No se lo desearía a nadie, ni al peor enemigo, porque es algo bien jodido. En lenguaje normal, es alergia al gluten, pero no con la sintomatología clásica de las alergias, si no que implica un daño profundo en el intestino delgado. El cuerpo reacciona negativamente al gluten, una proteína que contiene el trigo, el centeno, la cebada y la avena, y por ende, cada cosa hecha con esas cosas, desde el pan hasta algunos almidones modificados que se agregan a dulces y miles de otras cosas. Me pillaron justo en la última etapa, "III C de Marsh", lo que indica que tengo que tener una dieta estricta hasta el fin de mis días. Bye-bye cerveza, bye-bye fideos. Tengo que hacerme un montón de exámenes más, pero ya da lo mismo: no puedo comer de una parte importante de los alimentos que hay en el mercado chileno. Si no me cuido, la cosa puede terminar en cáncer y bueno, en ese lío nadie quiere meterse, ¿no?
Y lo tercero, lo más lamentable, pero a la vez casi tratable: por el autodaño hecho al intestino al comer gluten, puede que mi cuerpo no procese bien la lactosa por un tiempo, así que tampoco puedo comer yogurths o tomar leche, cosas básicas en mi dieta. Esperemos que esto se pase tras la mejora progresiva del intestino, claro, si sigo la OTRA DIETA en forma rigurosa.
Al parecer la cosa no se viene simple. Al menos en cuanto al tema celíaco, el costo de la comida sube en forma considerable, y es probable que baje un poco de peso, además de tener que ver la etiqueta de cada cosa que quiera comer. Elisa me ayuda harto con el tema, y mi vieja también, así que hay apoyo de sobra. En la oficina los chicos recién están entendiendo del tema.
Eso sí, lo que yo creo que nunca van a entender mis carnívoros compañeros es el tema de la carne. Bueno, así es la vida: difícil. Y la mía es particularmente verde.
domingo, febrero 01, 2009
Erotica
Vi una sombra,
cerré los ojos,
sentí su textura rozándome,
pude imaginarme la eterna dulzura,
en un parpadear como de colibrí.
Toqué y toqué hasta llegar
donde creí que no iba a volver
una y otra y otra vez.
Todo era una sola cosa:
su pelo, sus ojos, su aroma,
su calor, lo blando de sus pechos,
la curva más precisa,
justo debajo de mi conciencia.
Me hice una con lo que soñaba
y los sonidos se deformaron
hasta convertirse en una masa,
en una nube,
en una sábana arrugada,
en un color indefinido.
Toqué y rasgué y toqué de nuevo
hasta cuando ya no pude hacer más
que respirar profundo
como queriendo atrapar la vida misma
en los pulmones y en la sangre.
Fuimos una, una sola,
porque respirábamos fuego,
porque era la humedad
un estado de complicidad absoluta.
Y sin miedo ni de la muerte,
nos reímos luego,
observando el desorden,
y mirando la hora,
después de ver el placer desatado,
de la forma más hermosa.
cerré los ojos,
sentí su textura rozándome,
pude imaginarme la eterna dulzura,
en un parpadear como de colibrí.
Toqué y toqué hasta llegar
donde creí que no iba a volver
una y otra y otra vez.
Todo era una sola cosa:
su pelo, sus ojos, su aroma,
su calor, lo blando de sus pechos,
la curva más precisa,
justo debajo de mi conciencia.
Me hice una con lo que soñaba
y los sonidos se deformaron
hasta convertirse en una masa,
en una nube,
en una sábana arrugada,
en un color indefinido.
Toqué y rasgué y toqué de nuevo
hasta cuando ya no pude hacer más
que respirar profundo
como queriendo atrapar la vida misma
en los pulmones y en la sangre.
Fuimos una, una sola,
porque respirábamos fuego,
porque era la humedad
un estado de complicidad absoluta.
Y sin miedo ni de la muerte,
nos reímos luego,
observando el desorden,
y mirando la hora,
después de ver el placer desatado,
de la forma más hermosa.
viernes, enero 30, 2009
Acerca del (grisáceo) paisaje de la economía
No suelo referirme a este tipo de temas, pero ayer pasaron dos cosas en el ámbito económico, una de nivel nacional y otra de nivel más familiar, que me hicieron sentir eso que llaman "un leve escalofrío, como la muerte - laboral, digamos - pasando cerca".
Primero: Cencosud, el monstruo económico que posee jugosas y poderosas empresas como Paris, Easy y Jumbo (por sólo mencionar algunas...) decidió frenar la construcción del poco discreto y apoteósico proyecto Costanera Center, ubicado por ahí mismo. En su minuto, los directores del proyecto, los arquitectos y todo aquel que se preciara de importante en la obra declaró, con el pecho inflado de orgullo, que iba a ser la torre más alta de Sudamérica, que iba a ser una fuente de trabajo para miles de personas, y que sin duda, iba a ser un "centro de importancia neurálgica para los negocios en Santiago y en Chile".
Hasta ahí llegamos, papá Cencosud finalmente tiró para la cola, como dicen por ahí, porque el panorama económico está para sentir pánico (bueno, quienes tienden a tener pánico, lo sufren. Hay otros, como el ministro de Hacienda, el señor Velasco, que entre corrida y corrida matutina, propone el modelo económico shileno como un modelo a seguir para países europeos. Vaya, ¿no?). El señor-que-habla-por-Cencosud dijo que había que priorizar en las inversiones que podían proveer retorno inmediato (fuente: Emol), y Costanera Center era todo, menos eso. Bueno, pa' fuera el edificio. Ahí se deja, como una gran señal de atención.
Segundo: ayer nos citó nuestra jefa jefaza, la product manager de La Nación, para que escucháramos algo que debía decirnos. Quedamos un poco helados, porque el clima económico no es tan bonito como para pensar que nos van a aumentar el sueldo, o algo por el estilo. Al contrario: dejan de circular la revista hípica "Fusta", y además, la revista de deporte "Triunfo", dos clásicos de la empresa La Nación. ¿Por qué? Para ahorrar dinero, cosa muy deseada en la actualidad.
Desaparecen, sin más.
La reacción fue lógica: "Y....¿los equipos de periodistas?"
"No, se van a refundir, o sea, se los va a incorporar al diario, pero no se van a despedir. No hay despidos en la empresa, lo dijo el gerente."
Bueno, le creemos. Pero el tema es hasta dónde el gerente puede sostener lo que prometió, si actualmente la mayoría de las empresas (incluso las que suenan más pomposamente) optan por recortar puestos de trabajo, más que retirar productos del mercado, o incluso, más que abaratar costos de otro tipo.
El discurso del gerente, en ése entonces, no tenía un trasfondo tan poco auspicioso como hoy, o incluso, como ayer. Basta con que uno se ponga a leer el diario cada día, para sumar una nueva empresa mundial que anuncia despidos masivos. No es trivial, si en el foro que actualmente se está desarrollando en Davos, Suiza, hablan de una crisis peor que la de la década de los años '80, y que la Crisis Asiática.
Se ve gris, no puedo pensar otra cosa. Gracias a Dios no tengo a mi haber (o en tal caso, a mi "deber") ninguna deuda grande, pero la preocupación va por otros, como los que quisieron comprarse una casa, los que optaron por un auto del año en vez de quedarse con el viejo, y los que en verdad quisieron aparentar ser más. Ni hablar de esos que son las eternas piedras de tope de los sistemas financieros, como el señor que pidió plata para poder pagar el hospital, o la señora que simplemente no pudo llegar a fin de mes, sin haberse dado ningún lujo especial.
Si pierden su trabajo...el panorama se vuelve más que gris, señores. Como alguien dijo (creo que era el señor presidente de CONUPIA), esperamos que esta vez la clase media no sea la víctima de siempre, y que todos "amortigüemos" el golpe por igual, especialmente los empresarios más grandes del país.
Primero: Cencosud, el monstruo económico que posee jugosas y poderosas empresas como Paris, Easy y Jumbo (por sólo mencionar algunas...) decidió frenar la construcción del poco discreto y apoteósico proyecto Costanera Center, ubicado por ahí mismo. En su minuto, los directores del proyecto, los arquitectos y todo aquel que se preciara de importante en la obra declaró, con el pecho inflado de orgullo, que iba a ser la torre más alta de Sudamérica, que iba a ser una fuente de trabajo para miles de personas, y que sin duda, iba a ser un "centro de importancia neurálgica para los negocios en Santiago y en Chile".
Hasta ahí llegamos, papá Cencosud finalmente tiró para la cola, como dicen por ahí, porque el panorama económico está para sentir pánico (bueno, quienes tienden a tener pánico, lo sufren. Hay otros, como el ministro de Hacienda, el señor Velasco, que entre corrida y corrida matutina, propone el modelo económico shileno como un modelo a seguir para países europeos. Vaya, ¿no?). El señor-que-habla-por-Cencosud dijo que había que priorizar en las inversiones que podían proveer retorno inmediato (fuente: Emol), y Costanera Center era todo, menos eso. Bueno, pa' fuera el edificio. Ahí se deja, como una gran señal de atención.
Segundo: ayer nos citó nuestra jefa jefaza, la product manager de La Nación, para que escucháramos algo que debía decirnos. Quedamos un poco helados, porque el clima económico no es tan bonito como para pensar que nos van a aumentar el sueldo, o algo por el estilo. Al contrario: dejan de circular la revista hípica "Fusta", y además, la revista de deporte "Triunfo", dos clásicos de la empresa La Nación. ¿Por qué? Para ahorrar dinero, cosa muy deseada en la actualidad.
Desaparecen, sin más.
La reacción fue lógica: "Y....¿los equipos de periodistas?"
"No, se van a refundir, o sea, se los va a incorporar al diario, pero no se van a despedir. No hay despidos en la empresa, lo dijo el gerente."
Bueno, le creemos. Pero el tema es hasta dónde el gerente puede sostener lo que prometió, si actualmente la mayoría de las empresas (incluso las que suenan más pomposamente) optan por recortar puestos de trabajo, más que retirar productos del mercado, o incluso, más que abaratar costos de otro tipo.
El discurso del gerente, en ése entonces, no tenía un trasfondo tan poco auspicioso como hoy, o incluso, como ayer. Basta con que uno se ponga a leer el diario cada día, para sumar una nueva empresa mundial que anuncia despidos masivos. No es trivial, si en el foro que actualmente se está desarrollando en Davos, Suiza, hablan de una crisis peor que la de la década de los años '80, y que la Crisis Asiática.
Se ve gris, no puedo pensar otra cosa. Gracias a Dios no tengo a mi haber (o en tal caso, a mi "deber") ninguna deuda grande, pero la preocupación va por otros, como los que quisieron comprarse una casa, los que optaron por un auto del año en vez de quedarse con el viejo, y los que en verdad quisieron aparentar ser más. Ni hablar de esos que son las eternas piedras de tope de los sistemas financieros, como el señor que pidió plata para poder pagar el hospital, o la señora que simplemente no pudo llegar a fin de mes, sin haberse dado ningún lujo especial.
Si pierden su trabajo...el panorama se vuelve más que gris, señores. Como alguien dijo (creo que era el señor presidente de CONUPIA), esperamos que esta vez la clase media no sea la víctima de siempre, y que todos "amortigüemos" el golpe por igual, especialmente los empresarios más grandes del país.
martes, enero 13, 2009
Manifiesto pasajero/permanente
Voy a decir que no a varias cosas,
sobretodo esas que no aportan nada más
que a la contaminación del alma.
Voy a decir que no a esa falta de fe
que todos llevan puesta como si fuera
una prenda de vestir de última moda;
me voy a negar a cerrar los ojos
y seguir a la masa,
porque es lo que conviene más.
Reniego de créditos,
de tasas, de medidas, de límites,
de predeterminaciones, de moldes,
porque son instancias que inhiben
la propia naturaleza brillante
que guardamos dentro,
todos y cada uno de nosotros.
Voy a decir que no
a esa especie de superioridad barata,
que se llama "orgullo",
(palabra que es pesada como una corona).
Justamente,
no por ser orgullosa,
si no porque conozco mi propio origen,
y porque sé de qué estoy hecha.
Voy a decir que no a la queja cotidiana,
al lamento fácil,
a la aceptación del dolor,
al logro sin esfuerzo,
y al olvido de la misericordia,
porque no hay nada más hermoso
que el infinito reflejado
en eso que se conoce como "optimismo"
(fácilmente confundido con "ingenuidad"
en los pujantes sistemas capitalistas...)
Finalmente,
voy a decir que no a las más simples
ataduras que mostramos como seres humanos:
a los límites propios,
a creer que realmente los tenemos,
y a pensar que en este mundo
no existe la bondad.
sobretodo esas que no aportan nada más
que a la contaminación del alma.
Voy a decir que no a esa falta de fe
que todos llevan puesta como si fuera
una prenda de vestir de última moda;
me voy a negar a cerrar los ojos
y seguir a la masa,
porque es lo que conviene más.
Reniego de créditos,
de tasas, de medidas, de límites,
de predeterminaciones, de moldes,
porque son instancias que inhiben
la propia naturaleza brillante
que guardamos dentro,
todos y cada uno de nosotros.
Voy a decir que no
a esa especie de superioridad barata,
que se llama "orgullo",
(palabra que es pesada como una corona).
Justamente,
no por ser orgullosa,
si no porque conozco mi propio origen,
y porque sé de qué estoy hecha.
Voy a decir que no a la queja cotidiana,
al lamento fácil,
a la aceptación del dolor,
al logro sin esfuerzo,
y al olvido de la misericordia,
porque no hay nada más hermoso
que el infinito reflejado
en eso que se conoce como "optimismo"
(fácilmente confundido con "ingenuidad"
en los pujantes sistemas capitalistas...)
Finalmente,
voy a decir que no a las más simples
ataduras que mostramos como seres humanos:
a los límites propios,
a creer que realmente los tenemos,
y a pensar que en este mundo
no existe la bondad.
martes, octubre 21, 2008
El abuelo se fue al sur
Cuando supe la noticia, se me partió el corazón, lo suficiente como para maldecir al mundo completo por nuestra infame naturaleza humana, y tan intensamente como para bañar con mis lágrimas a mi novia, cuya paciencia parecía haberse triplicado, en el andén del metro.
Finalmente, mi abuelo falleció, dejó el mundo que siempre despreció, por su materialismo, por su egoísmo, por la gente inconsciente que nunca supo cuidar a la tierra. Mi abuelo era ecologista sin saberlo, y de los más pacíficos...era como un lago en calma.
Cuando lo vi sobre la bandeja de latón donde cariñosamente nos colocan al morir, allá en la morgue, no era él. Estaba demasiado amarillo, demasiado frío, demasiado grises sus ojos, y tan lejos su voz. Hubo que cerrarle con cuidado los ojos (siempre dormía con los ojos casi blancos), hubo que sellarle la boca, hubo que peinarlo, y entibiar el brazo derecho, para que el rigor mortis no fuera tan terco. Hubo que tener mucho pañuelos desechables, porque las lágrimas se caían sin permiso de nadie.
Su pareja miraba el cuerpo, y parecía que iba a desmoronarse. Creo que lo hizo varias veces, por dentro: "Sin Hernán no sé vivir...no sé qué voy a hacer sin él". Ella no era mi abuela, estaba lejos de ser querida por alguien de mi familia, y sin embargo, verla llorar me comía por dentro, como si fuera yo misma perdiendo al amor de mi vida.
Nadie puede quedar indiferente frente a ese desaire de la vida.
Después del reconocimiento del cuerpo, vino un sinfín de eventos amargos, entre sonrisas de pura gentileza, pues, como siempre he dicho, hay que saber comportarse decentemente en tales ocasiones. Mis tíos, medio funcionales, medio autoritarios (tan machos, ellos), mi madre saludando a los amigos de mi abuelo, que le sobrevivieron con dolor, y con una vejez absoluta. El velorio nos dejó agotadas a Elisa, a mi madre y a mí, hasta el día de hoy.
Finalmente, lo enterraron, donde está también mi abuela, y mi padre. Abracé fuertemente a mi madre, contemplando dos féretros más abajo, mientras bajaba el tercero, que ahí estaba mi familia casi completa, las personas que más me cuidaron y me quisieron. Le supliqué al oído que por favor se cuidara, que ella era la única que me quedaba, que viera lo que estaba pasando...porque en el fondo, es la realidad. Y esa bóveda es tan oscura, que siempre me ha causado pesadillas.
No quedan más abuelos, de ningún tipo. Lo que pasó el fin de semana fue una serie de malos sueños, una serie de actores desfilaron, era todo de utilería: el abuelo sólo se fue al sur de nuevo, allá a Puerto Cisnes, a curtir cuero de pescado, a manejar su autito Daewoo, a tomar navegado, mirando la lluvia caer.
No ha muerto.
Finalmente, mi abuelo falleció, dejó el mundo que siempre despreció, por su materialismo, por su egoísmo, por la gente inconsciente que nunca supo cuidar a la tierra. Mi abuelo era ecologista sin saberlo, y de los más pacíficos...era como un lago en calma.
Cuando lo vi sobre la bandeja de latón donde cariñosamente nos colocan al morir, allá en la morgue, no era él. Estaba demasiado amarillo, demasiado frío, demasiado grises sus ojos, y tan lejos su voz. Hubo que cerrarle con cuidado los ojos (siempre dormía con los ojos casi blancos), hubo que sellarle la boca, hubo que peinarlo, y entibiar el brazo derecho, para que el rigor mortis no fuera tan terco. Hubo que tener mucho pañuelos desechables, porque las lágrimas se caían sin permiso de nadie.
Su pareja miraba el cuerpo, y parecía que iba a desmoronarse. Creo que lo hizo varias veces, por dentro: "Sin Hernán no sé vivir...no sé qué voy a hacer sin él". Ella no era mi abuela, estaba lejos de ser querida por alguien de mi familia, y sin embargo, verla llorar me comía por dentro, como si fuera yo misma perdiendo al amor de mi vida.
Nadie puede quedar indiferente frente a ese desaire de la vida.
Después del reconocimiento del cuerpo, vino un sinfín de eventos amargos, entre sonrisas de pura gentileza, pues, como siempre he dicho, hay que saber comportarse decentemente en tales ocasiones. Mis tíos, medio funcionales, medio autoritarios (tan machos, ellos), mi madre saludando a los amigos de mi abuelo, que le sobrevivieron con dolor, y con una vejez absoluta. El velorio nos dejó agotadas a Elisa, a mi madre y a mí, hasta el día de hoy.
Finalmente, lo enterraron, donde está también mi abuela, y mi padre. Abracé fuertemente a mi madre, contemplando dos féretros más abajo, mientras bajaba el tercero, que ahí estaba mi familia casi completa, las personas que más me cuidaron y me quisieron. Le supliqué al oído que por favor se cuidara, que ella era la única que me quedaba, que viera lo que estaba pasando...porque en el fondo, es la realidad. Y esa bóveda es tan oscura, que siempre me ha causado pesadillas.
No quedan más abuelos, de ningún tipo. Lo que pasó el fin de semana fue una serie de malos sueños, una serie de actores desfilaron, era todo de utilería: el abuelo sólo se fue al sur de nuevo, allá a Puerto Cisnes, a curtir cuero de pescado, a manejar su autito Daewoo, a tomar navegado, mirando la lluvia caer.
No ha muerto.
miércoles, septiembre 24, 2008
El abuelo y las paradojas de la vida
No creo haber contado en este medio de mi abuelo Domingo, el último que me queda. Siempre ha sido un personaje distante, de palabras cortas, pero no por eso menos cariñosas. De hecho, a través del tiempo, su afecto se ha demostrado más por medio de gestos que de palabras, y su presencia, del mismo modo, es casi nula.
Desde el mes de julio de este año que mi abuelo está en una larga y excesivamente enfermiza visita acá en Santiago, porque vive originalmente en Puerto Cisnes, en la XI región. Llegó, y a los 4 días cayó al hospital, y así se ha llevado de mal en peor, contando ya cuatro hospitalizaciones, al menos 6 millones de pesos en gastos e infinitos niveles de estrés por parte de sus hijos, sus nietos, su pareja (quien no es mi abuela) y otros que no vale la pena mencionar.
El tema es que han pasado tantos años desde que mi abuelo decidió partir al sur, en forma autónoma, sin preocuparse de sus hijos y su esposa, y provocando aún más distancia emocional, además de la distancia física; ha sido ya tanto el tiempo y el cariño perdido y diseminado, que el hecho que se vea convertido en un atado de huesitos que apenas respira, en una cama de hospital, o en la casa de mi madre, con pañales y todo eso, es una gran y lamentable paradoja de la vida. Mejor dicho, de su vida.
Desde su voz hasta la fuerza con la que determinó siempre su vida, todo ha ido en bajada lentamente, y uno de sus tres hijos, que creo que ya he mencionado antes, no quiere ni verlo, no lo acepta en su casa ni menos tiene intención de llegar a cuidarlo nuevamente. Actualmente, la naturaleza humana le cobra a mi abuelo sus cuentas por querer domar el sur, sus ansias de ser libre, el eterno expedicionario armado con un cuchillo montañés y una cacerola, todos sus sueños positivos, sus frases más plenas de vida, y todo lo que supo descubrir (sin divulgar, claro). La vida, así, se dibuja como una paradoja lamentable, pero aún así completa, amarga, y así y todo, sin ninguna clase de ataduras.
Lo he visto ya varias veces "en las últimas": en un hospital, en la casa de mi tío, en una casa de una persona X en la playa, a punto de estirar la pata, y con la extremaunción como corona, pero no se entrega. No quiere pasar el mando. Tiene miedo, tiene rabia, está cansado, ama profundamente, y del mismo modo, se distancia, y de nuevo, es el padre y abuelo viajero, que no se sabe cuándo se irá al sur, o si vendrá para el verano. ¿La diferencia? Ahora vuela con los ojos más ciegos, medio sordo, sentado sobre un protector de colchón de plástico. Y con un catéter puesto en un brazo.
Mi madre, por suerte, se lo toma a la ligera, o al menos, eso es lo que me dice. Sin embargo, mi abuelo siempre ha tenido esa brillante cualidad de llegar a alborotar los ánimos a Santiago con todas las pompas posibles. Ahora quiso hacer algo semejante, y lo está logrando, con costos bastante altos, y no hablo de dinero.
Sólo espero que las cosas salgan bien, que al menos mi abuelo encuentre tranquilidad, y que se apague, si tiene que apagarse, con paz y no con sufrimiento, porque ya con tanta enfermedad encima, y con tanto desgaste, su cuerpo no resiste del mismo modo. Su alma, eso sí, resiste más que ninguna, como siempre lo ha hecho.
Desde el mes de julio de este año que mi abuelo está en una larga y excesivamente enfermiza visita acá en Santiago, porque vive originalmente en Puerto Cisnes, en la XI región. Llegó, y a los 4 días cayó al hospital, y así se ha llevado de mal en peor, contando ya cuatro hospitalizaciones, al menos 6 millones de pesos en gastos e infinitos niveles de estrés por parte de sus hijos, sus nietos, su pareja (quien no es mi abuela) y otros que no vale la pena mencionar.
El tema es que han pasado tantos años desde que mi abuelo decidió partir al sur, en forma autónoma, sin preocuparse de sus hijos y su esposa, y provocando aún más distancia emocional, además de la distancia física; ha sido ya tanto el tiempo y el cariño perdido y diseminado, que el hecho que se vea convertido en un atado de huesitos que apenas respira, en una cama de hospital, o en la casa de mi madre, con pañales y todo eso, es una gran y lamentable paradoja de la vida. Mejor dicho, de su vida.
Desde su voz hasta la fuerza con la que determinó siempre su vida, todo ha ido en bajada lentamente, y uno de sus tres hijos, que creo que ya he mencionado antes, no quiere ni verlo, no lo acepta en su casa ni menos tiene intención de llegar a cuidarlo nuevamente. Actualmente, la naturaleza humana le cobra a mi abuelo sus cuentas por querer domar el sur, sus ansias de ser libre, el eterno expedicionario armado con un cuchillo montañés y una cacerola, todos sus sueños positivos, sus frases más plenas de vida, y todo lo que supo descubrir (sin divulgar, claro). La vida, así, se dibuja como una paradoja lamentable, pero aún así completa, amarga, y así y todo, sin ninguna clase de ataduras.
Lo he visto ya varias veces "en las últimas": en un hospital, en la casa de mi tío, en una casa de una persona X en la playa, a punto de estirar la pata, y con la extremaunción como corona, pero no se entrega. No quiere pasar el mando. Tiene miedo, tiene rabia, está cansado, ama profundamente, y del mismo modo, se distancia, y de nuevo, es el padre y abuelo viajero, que no se sabe cuándo se irá al sur, o si vendrá para el verano. ¿La diferencia? Ahora vuela con los ojos más ciegos, medio sordo, sentado sobre un protector de colchón de plástico. Y con un catéter puesto en un brazo.
Mi madre, por suerte, se lo toma a la ligera, o al menos, eso es lo que me dice. Sin embargo, mi abuelo siempre ha tenido esa brillante cualidad de llegar a alborotar los ánimos a Santiago con todas las pompas posibles. Ahora quiso hacer algo semejante, y lo está logrando, con costos bastante altos, y no hablo de dinero.
Sólo espero que las cosas salgan bien, que al menos mi abuelo encuentre tranquilidad, y que se apague, si tiene que apagarse, con paz y no con sufrimiento, porque ya con tanta enfermedad encima, y con tanto desgaste, su cuerpo no resiste del mismo modo. Su alma, eso sí, resiste más que ninguna, como siempre lo ha hecho.
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